sábado, 15 de octubre de 2011

Historia nº1

Hace muchos años en un pueblo llamado Jaten vivía una niña rubia y de ojos verdes cuyo nombre no recuerdo porque francamente siempre me he esforzado por olvidar. La pequeña niña caminaba por el mismo camino todas las mañanas. Este camino no era un camino de flores y mariposas, todo lo contrario era un camino siniestro, lúgubre, los árboles carecían de hojas y se juntaban tanto las ramas de  los unos con los otros que apenas dejaban filtrar un solo rayo de luz solar, un camino que  provocaba durante su transcurso la experimentar la sensación de estar en un ambiente frío. Era un paisaje tan poco acogedor que a cualquier persona le hubiera parecido horrendo caminar por ahí sin embargo a la pequeña no parecía importarle. Siendo este camino un atajo de su hogar a la escuela siempre lo tomaba.

 Siempre caminaba lentamente y lo hacía observando todo a su alrededor. Cuando la gente le preguntaba que si no le daba miedo ir sola por aquel  camino ella siempre respondía lo mismo: " Si, pero yo no voy sola, mi amigo me acompaña”. Nadie se explicaba esta respuesta pues era obvio que la niña iba sola. Todo el mundo lo sabía, todo el mundo lo veía. Sola. Nadie sabía por qué la niña decía esto.

Un día en el pueblo una de las niñas de la escuela comentó en voz baja al verla pasar "Es la rara de su familia, la  nueva loca del pueblo”. Todo el mundo susurraba este tipo de cosas que por lo general la pequeña nunca lo escuchaba. En  esta ocasión no fue así, ella lo escuchó. Esas palabras se clavaron en el corazón de la niña como puñales, ella no estaba loca su amigo la acompañaban de verdad. La niña no pudo controlarse más y llorando porque no la creían salió corriendo hasta el camino dónde su supuesto amigo estaría para consolarla.

Cuando allí llegó le estaba esperando un niño muy pálido, demasiado para una persona normal. Ya era casi de noche. Él estaba oculto en la oscuridad y hablaba desde allí en susurros. "Tranquila" decía una y otra vez. La niña lloraba desconsolada y tras un tenso silencio el niño la miró con unos ojos tensos y brillantes. “ven conmigo”.

La niña en principio asustada le miró atentamente a lo que el niño respondió tensando todo el cuerpo parecía nervioso. Se produjo un tenso silencio que duró unos segundos, este silencio solo se vio roto cuando ella añadió "¿dónde?”. Fue entonces cuando él la miro y susurró "Vamos donde el mar y el cielo se juntan, donde la vida toca su límite y el sufrimiento personal  desaparece. Allí solo existe el calor”. Ya fuera por los ojos brillantes y cariñosos del niño o por las ganas de huir de la niña en esos instantes solo pensó que sería un buen lugar para vivir y asintiendo le tomó la mano a su amigo que la guió hasta el mundo de los muertos... Nadie supo más de aquella niña hasta que a los dos años apareció su cuerpo, inerte, ya sin vida, sin alma en la plaza del pueblo. Y en el suelo escrito en grande " yo no voy sola, mi amigo me acompaña".

Fin

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